Posteado por: jonkysit | 15 marzo, 2007

Ze Frank.

Ye le mencioné otra vez. Es un tío que abordó el proyecto de hacer un vídeo podcast de cinco entregas semanales (Lunes-Viernes) durante un año. Congregó alrededor suyo un grupo de gente entregada a hacer el tonto inspirada por su anfitrión. La gente hizo todo tipo de proyectos, desde hacer distintas mezclas de una canción que ya enlacé aquí, hasta mandar fotografías de sus aspiradoras vestidas, animaciones para lo que siempre presentaba como una sección del programa (Fly the Fire Eagle Danger Day), o incluso hacer un “sandwich de Tierra” poniendo dos trozos de pan en el suelo en lugares opuestos del planeta. Pues bien, el año se nos acaba en dos días, y acabo de verme cuatro entregas seguidas. Una de los recursos del vlog de Ze Frank eran los monólogos que se marcaba de vez en cuando. Aquí transcribo el que hizo el Lunes pasado (12.03.07), que probablemente tenga algo que ver con el motivo por el que empecé a escribir el blog:

Hoy me siento extraño. Agridulce. Estoy contento, porque en caso de que no os hayáis dado cuenta Dewar’s [un whisky] ha decidido patrocinar la última semana del programa, pero tal vez más importante, ha decidido patrocinar la construcción de un archivo adecuado para este sitio. Y estoy encantado de tener algo en lo que trabajar la semana que viene. Pero también me siento extraño. Probablemente porque es la última semana del programa, y tengo tantas ganas de hacer algo que os guste. Estoy en Austin, Texas ahora mismo, en un festival llamado SXSW. Son de hecho tres festivales: Películas, Música, y ese hijastro pelirrojo, Interactivo. Ése es al que yo pertenezco. Las calles ebullen con gente, y la mecánica de sus vidas diarias son muy diferentes. Algunos han sudado su camino hasta aquí desde pequeños clubs de rock en Wisconsin; otros han pasado noches descalzas en salas de edición comiendo Doritos; y otros han estado acunando un ordenador portátil, como a un bebé, durante años. A pesar de estas diferencias en su día a día, aquí hay algún tipo de unicidad implícita, y esa unicidad parece encontrarse en esa palabra: Creatividad. Me sorprende que tengamos una palabra que se puede aplicar a cosas tan diferentes. Una palabra que evoca admiración cuando pienso en lo que otras personas han hecho, pero evoca miedo y la duda de mí mismo cuando pienso sobre mí. Algunos piensan que es algo con lo que se nace, como las manos y los pies grandes. Algunos piensan en ella como visitas infrecuentes de una musa de otro mundo. Algunos piensan en el músculo, que se puede generar y entrenar. Y muchos no piensan en ella en absoluto. Algunas veces pienso en la Confianza. Lo que hace falta para pasar de cero a uno. Parece que tu manera de pensar en la Creatividad puede afectar a esa confianza. Hay un libro editado por Robert Sternberg que trata sobre la investigación psicológica sobre la creatividad. Uno de los artículos dice que uno de los únicos indicadores fiables para aumentar la creatividad, como sea que la entiendas, es la creencia de una persona de que la creatividad es algo que se puede trabajar y cambiar. Confianza en adquirir confianza. Para mí ese es el campo de batalla interesante. Pelearme con cosas que no creo que sean posibles. No con el objetivo de adquirir de repente un sentido inflado de pensar que sabes que puedes hacer algo, sino para obtener ese destello de esperanza que es la posibilidad. Para moverte de cero a uno. Esas batallas de confianza son lo que hacen esa palabra, Creatividad, tan aterradora para mí. Y es interesante ver cómo funcionan en distintas profesiones. Los artistas como [no identifico los ejemplos] parecen tener confianza en sus ideas, pero luchan contra el hábito, contra la regularidad de su trabajo. La gente de negocios parece tener confianza en hacer cosas todos los días, pero luchan por estirar sus ideas. Simplemente encontrar el campo de batalla parece ser un paso en la dirección correcta. Me interesa este paso del cero al uno. Esta confianza para empezar cosas, porque comtemplo los proyectos creativos como si fueran sudokus: puedes fijar tu mirada en ellos tanto tiempo como quieras, pero no vas a ver todos los números de repente. Tienes que empezar. Tienes que encontrar una casilla que rellenar. Y a partir de esa, otra semanifiesta. Puede que no seas capaz de resolverlos todos, pero mientras sepas que es posible seguirás intentándolo. Y no importa cuántos hayas resuelto: cada uno comienza con un puñado de espacios en blanco. Cero uno. Agridulce.

Ze Frank se nos acaba. Agrio. Muy agrio.

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