Posteado por: jonkysit | 14 marzo, 2007

Las casas y las casitas.

Hoy voy a hablar de aquello de los minipisos. Vaya por delante que el artículo 47 de la Constitución, que ya comentaré cuando le llegue el turno, me parece una aberración. No entiendo porqué se mete en la Constitución el derecho a una vivienda digna y no se incluyen por ejemplo el derecho a enamorarse, a leer el Quijote, o a llevar peluca. Me parece igualmente estúpido que haya un Ministerio de la Vivienda, y la ministra que lo ocupa me parece de lo más penoso (junto con la de Cultura, que…). Dicho esto, no entiendo que haya tantas protestas con lo de los minipisos.

A mí, puestos a aceptar esa responsabilidad por parte del Estado, me parecen una buena solución. Son pisos pequeños y tienen servicios compartidos, sí, ¿y qué? Son una opción que se le dan a gente que entiendo que será libre de cogerlos o dejarlos, por lo tanto nada que objetar. Al que se lo den será porque no tiene nada mejor, y si no tiene nada mejor seguro que no le molesta tener un minipiso.

Además todo es un tema de perspectiva. Recuerdo uno de aquellos grandes artículos que escribía Campmany, que cuando se hizo el anuncio de la iniciativa y en medio del revuelo que causó desde el principio, dedicó a contar su historia personal de cómo él se casó y vivió un tiempo con su mujer, en una habitación alquilada en una casa. Cómo para tener una conversación privada se iban a alguna cafetería porque las paredes de la pensión eran de papel. Y dijo, claro, que ojalá a ellos en aquellos años les hubiera dado el Estado un piso por pequeño que fuera.

Aquí en Inglaterra tienen una expresión muy buena: beggers are not choosers, que sería algo así como que si pides no eliges. Esos pisos tienen unos destinatarios y me parece bien la parte que tienen de garantizar un mínimo. Preferiría que no se hiciera porque no creo que sea algo de lo que se deba ocupar el Estado, pero indudablemente está en la Constitución, y este Gobierno ha decidido dedicarle un esfuerzo al asunto, así que poco que objetar.

Otra cosa serán la ejecución del proyecto y los pormenores que desconozco, pero el hecho de que unos pisos destinados a regalarse sean pequeños e incluso algo incómodos, me parece bien.

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