Posteado por: jonkysit | 13 marzo, 2007

Origen de un nombre (y 2).

La noche del 16 de Enero de 2007 me dió por repasar alguna de la muchísima música descargada y por escuchar. Abrí unas carpetas de No me pises que llevo chanclas e inesperadamente me encontré una canción que no sabía que tenía. Se llama Una mierda pa mi exnovia. Era una canción que me había bajado una vez y me había encantado, pero como sonaba muy mal la terminé borrando, y quedé con la idea de volver a descargarla. Esta vez la encontré y sonaba preciosa en toda su extensión. ¡Contento que me fui para la cama!

A la mañana siguiente, camino del curro, allá iba yo feliz de la vida cantando el nuevo hallazgo:

Y es que el amor es una mierda.
Y tú eres un mojón.
Y por eso yo te canto
esta pena de canción.

¿Cómo no iba yo a ir contento con semejante joyita? ¡A voces por la calle iba yo! Feliz, lo que se dice feliz. Y allá iba yo cuando, al pasar junto a una de esas tiendas de de todo que tienen aquí los moros por todos los barrios, oigo voces dentro. Miro al otro lado de la acera y allí hay dos señoras con un rebaño de niñas alrededor, paradas todas camino de la escuela, mirando en mi dirección y hacia el interior de la tienda. Me dí la vuelta para ver lo que pasaba, y resulta que las voces se las estaba dando un tío a aquello que los brasileños llamaban “un ninja”: la mora de negro de arriba abajo y mostrando únicamente los ojos.

Y es que el amor es una mierda.
Y tú eres un mojón.
Y por eso yo te canto
esta pena de canción.

Me quedo parado mirando, y mientras la tía le dice que pare quieto el tío le da un empujón. Ella sonaba firme y bastante libre de miedos, pero aquello tenía muy mala pinta, la verdad. Me acerqué hacia las señoras de la acera de enfrente a interesarme por la información que pudieran tener, y me dicen que no saben cómo habían empezado pero que no era una escena extraña, y que él la pegaba. Así que saqué el teléfono sin saber muy bien para qué, y me volví a arrimar un poco hacia la tienda. El forcejeo seguía, y estando yo allí plantado ella salió de la tienda y se marchó caminando. Él salió hasta la puerta y se quedó allí plantado viéndola irse. Después me miró a mí. Nos cruzamos las miradas, yo todavía contento y con la canción en la cabeza, y él con unas ganas de discutir que no se tenía en pie. Me vió el teléfono en la mano y encontró lo que quería.

– Sí, llama a la policía. El 999. Llámales…

Llegados a este punto el desarrollo es siempre el mismo: el moro se enfada contigo y crea un muro de violencia verbal entre tú y él. Es divertido sobre todo cuando tú tienes el día tonto y no hay manera de enfadarte. Así que me quedé quieto escuchando sus gritos y alaridos y mirándole como las vacas miran el tren pasar. Dándose cuenta de que aquello no iba a llevarle a ninguna parte se volvió dentro de la tienda emitiendo una última sentencia:

– ¡¡Honky shit!!
– Honky meaning what?
– White!

¡Ostias tú!, ¡me llamaron mierda blanca! Encantado de la vida con el apodo que me habían regalado, y con la involuntaria humillación por la que hice pasar al moro teniendo que explicar el insulto (tuvo que ser de lo más frustrante), me marché detrás de la tía que se había ido en dirección mi curro y observaba la escena desde cierta distancia. La alcancé, me interesé por su estado y que nada, que bien, que gracias pero que no me preocupe, y que si por favor me importaría ir a devolverle al tío un móvil del que ella acababa de sacar la tarjeta. ¡Coño, no voy a volver! ¡Más, dame más! ¿Quieres más? ¡¡¡Síííí!!!, por favor.

Y es que el amor es una mierda.
Y tú eres un mojón.
Y por eso yo te canto
esta pena de canción.

Pero a mitad de camino la tía me llama a voces y no tuve ocasión de recibir más lindezas de boca del moro. Una pena. Ella se dió cuenta que tenía algunos números que necesitaba en el aparato y decidió que ya se lo devolvería en otro momento. Y ahí se acabó la historia. Es una pena porque seguro que me hubiera regalado otros nombres geniales el tío aquel, pero qué le vamos a hacer. De todas maneras tampoco hay que pasarse. Al fin y al cabo ya otro señor enfadado, un casero sarraceno en aquel caso, me concedió años antes otro apodo, y con dos ya debería ir servido. Mi nombre y dos apodos supongo que son todo lo que necesito.

Y es que el amor es una mierda.
Y tú eres un mojón.
Y por eso yo te canto
esta pena de canción.

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Responses

  1. Me quedo con la Número 1, más breve y bonito punto de partida…
    Hugs


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