Posteado por: jonkysit | 2 marzo, 2007

¿Es decente besarse en público?

Ya sé que la respuesta evidente a esa pregunta es “Vete a la mierda”, pero deja que me explique. Leí hace unos días una entrada en la que alguien contaba la historia de cómo le habían llamado la atención por besarse en público. Los comentarios a la entrada, como cabe esperar, eran de todo tipo, pero con los que coincidí fueron los que en general se preguntaban qué tipo de persona podía molestarse por algo tan inocente.

A mí hace alrededor de un año me invadió un estado de incomprensión parecido. Acompañaba yo a una amiga brasileña a casa de una puta compatriota de ella a la que iba a dejar unos CDs. Al llegar a la casa pasamos y nos sentamos un rato. Ellas evidentemente hablaban en portugués o sea que no lo entendí todo, pero lo que entendí me fue suficiente: la señora se escandalizaba de que su sobrina de catorce años, en Brasil, invitaba al novio a entrar en casa con la familia, y nos contaba cómo ella, a su edad, se quedaba sentada en el banco de delante de la casa y ni agarrarse las manos podían. Había que ver aquella cara de asombro y oír las protestas de una señora que, no nos olvidemos, se ganaba la vida follando. Ya ves, la puta, escandalizada por algo tan inocente.

No es una mentalidad, como decían algunos de los comentaristas del blog, de hace cuarenta años, es simplemente una mentalidad extraña desde nuestro punto de vista. Pero no nos engañemos: es una mentalidad perfectamente actual en buena parte del mundo. Mi hermana por ejemplo está en Singapur, y comenta en un correo un encuentro que una compañera tuvo con un lugareño a la salida de una mezquita:

el hombre,(…) muy intrigado por saber más de dos chicas jóvenes, españolas, sin sus familias cerca y en edad de merecer, empezó a preguntarle a [la compañera] que cómo conocía en España la gente a sus parejas, que si era normal que las mujeres anduvieran solas por el mundo trabajando, que si íbamos a la iglesia los Domingos, que si estábamos casadas y en ese caso, dónde estaba nuestro marido, y, que a qué edad se casaba la gente de media… la contestación a esta última pregunta le dejó absolutamente descolocado, y no daba crédito a la contestación, y a las explicaciones de [la compañera], que por más que intentaba explicarle lo difícil que es encontrar un trabajo fijo, y el precio de las hipotecas, entre otros factores, no conseguía salir del lío en el que se estaba metiendo… yo que le veía venir, me entretuve más de la cuenta fuera atándome los zapatos, cuando de repente, después de un silencio prolongado, escucho: “and, how do you manage with your sexual feelings?!”

Ya ves, asín de natural. No es la gente con la que nos encontramos todos los días ni una actitud a la que estemos acostumbrados, pero desde luego que hay muchísima gente por todo el mundo que entiende así las cosas…

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Responses

  1. Vete a la mierda

  2. Y ahora que he leido la entrada entera:

    Ciertamente es curioso tener contacto con otras culturas… ¿Seremos nosotros los raros?

  3. Tú seguro…

  4. Sí, hay diferentes culturas. La primera vez que estuve en Egipto fui con mis padres y mis hermanos. En el Hotel, le pedimos al guía que nos llevara a comprar unas zapatillas deportivas y, mientras íbamos por el Cairo, el guía nos iba haciendo preguntas e interesándose por nuestras vidas. Lo que más le interesó era saber si estaba o no casada, si ya habían encontrado un novio para mí (porque ya se me veía mayor… Estaba a punto de cumplir los 18 y el capullo me consideraba vieja! JA!) y qué tipo de dote entregarían a la familia cuando yo me casara. Y eso que el tío en teoría había aprendido las costumbres españolas en la facultad cuando aprendió español…
    Eso sí, no me sorprende algo así en Egipto, pero sí en España. Por cierto, aun no he vuelto a la estación de tren a despedirme (por suerte hemos ido mucho en avión) pero a ver si la próxima vez que vuelva por ahí, el hombre ha evolucionado y se ha convertido en Torquemada!
    Gracias por enlazarme! ;)

  5. A mí toda esa gente me resulta muy curiosa. Supongo que igual que yo a ellos. Y me encanta que todo se reduzca a curiosidad sana e incomprensión distante sin que nadie pretenda imponer nada. El problema es que a veces las posturas son incompatibles…

  6. Dímelo a mí, dímelo a mí…


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