Posteado por: jonkysit | 10 febrero, 2007

Cago’n su mantu.

Comprendo el valor que tienen todos los idiomas como bien cultural universal, y aunque solamente hablo español e inglés me es suficiente para darme cuenta de que ningún idioma abarca todos los conceptos. Por ejemplo en inglés es imposible distinguir entre ser y estar, y de la misma manera en español no se puede distinguir entre want to say y mean. Siempre que hablo uno de los dos idiomas echo de menos giros o palabras del otro.

Me doy perfecta cuenta de que cada idioma condiciona la manera de entender la realidad y que eso lo hace único. Pero a la vez no es menos cierto que los idiomas son excluyentes: no se puede utilizar más de uno a la vez. Sí que en una misma conversación se pueden mezclar idiomas, pero consecutivamente y no al mismo tiempo. Una persona que te habla lo hace en un idioma.

Además a pesar de que forman parte del patrimonio, los idiomas no son como un cuadro que existe por sí mismo, sino que para existir dependen de las personas que los hablen, y al mismo tiempo delimitan a esos habladores en su percepción de la realidad y en sus relaciones con la sociedad. Es decir, una persona se puede relacionar con aquellos con quienes comparte una lengua, y por tanto el hablar una lengua u otra determinará sus posibilidades de relación.

Por eso a mí no me escandalizan todos esos estudios sobre los miles de idiomas que según dicen desaparecerán por todo el mundo en cuestión de unas pocas generaciones. No sólo no me escandalizan, sino que me alegro por esa pobre gente que por haber nacido donde ha nacido no sólo sufre pobreza sino también aislamiento e ignorancia. Con un poco de suerte sus hijos tendrán más oportunidades.

Así las cosas me encuentro con este artículo en La Nueva España, que es el periódico regional líder en Asturias, y no puedo por menos que cagarme en todo lo humano y lo divino. Hace ya mucho tiempo que hay trifulcas aquí y allá tratando de recuperar el bable por vía de decreto administrativo, imponiéndolo forzosamente en las escuelas y en medios de comunicación, y me parece una de las mayores gilipolleces que se pueden hacer. Eso sí, rellenan horas de parlamento y dan algún que otro titular que hace parecer que esos mierdas de políticos están haciendo algo cuando en realidad no saben qué hacer. ¿No será mejor que los críos aprendan inglés, ruso, chino, o swahili? El hablar bable les dará acceso a qué personas exactamente con las que no puedan comunicarse en español.

Yo no sé bable y solamente lo he echado de menos en una cierta reunión social en la que una persona se puso a recitar un monólogo en bable que todos los mayores siguieron con mayor o menor dificultad, pero que los de mi generación que no tuvimos que sufrir la opresión de la dictadura franquista nos perdimos de principio a fin. Paradojas. Sé alguna palabra suelta, y el único uso que jamás le encontré a lo que sé fue explicarle a un brasileño que los peas ingleses eran arbeyos, ya que lo de guisantes no lo entendía. Y es que mi abuela a veces anunciaba que iba al mercado a comprar arbeyos. Eso sí, lo que después cocinaba y se servía en la mesa eran guisantes con jamón. Muy ricos, dicen, aunque yo de comida verde, todo lo que no sean mocos…

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