Posteado por: jonkysit | 31 enero, 2007

Asturias

Vamos hoy con sollozos regionales. Asturias patria querida, Asturias de mis dolores. Mira, esta es otra cosa que apuntar a la lista de cosas por hace: una adaptación del “Asturias patria querida”. Pero a lo que vamos, que Asturias está malamente mal. Aunque ya he escrito una entrada anterior con esta misma etiqueta, creo que conviene por si a alguien le da por leer este blog, explicar cómo veo yo que está Asturias hoy para poner en perspectiva los comentarios que pueda hacer en el futuro.

Hace algunas semanas coincidiendo con una visita fugaz mía a Madrid, la revista Capital publicó un especial sobre la región. Compré la revista y el tratamiento de la situación asturiana me pareció directamente insultante. Escribí un texto de respuesta que voy a recuperar aquí para resumir cómo veo la situación de Asturias. Un amigo se lo dejó en la sección de comentarios pero que salió allí desordenado. Por si alguien se quedó con gana de más, aquí está el original, corregido y aumentado:

La heroica región seguía durmiendo la siesta.

Asturias va mal. Asturias va muy mal. Como dice mi padre, Asturias apunta a la alpargata que mete mieu, o en castizo, Asturias va de culo.

Tomaré como punto de partida un simple análisis de dos datos estadísticos oficiales: Producto Interior Bruto, y Renta Per Cápita. Mientras el PIB asturiano se aleja de la media nacional, la renta per cápita se acerca. Curioso, ¿verdad? ¿Cómo puede ser que la riqueza de Asturias respecto a la de toda España disminuya mientras que la riqueza de los asturianos respecto de la de los españoles aumenta? Aunque puedan sonar dos situaciones contradictorias, son perfectamente compatibles y la explicación es muy sencilla: cada vez hay menos asturianos. En un entorno de fuerte crecimiento demográfico como ha tenido España en los últimos años, resulta que la población de Asturias disminuye. ¿Es eso reflejo de la solidez de la economía asturiana? Más bien creo que de todo lo contrario. Son ya muchos años que llevamos de jóvenes que terminan sus estudios y se marchan a lugares donde el mercado laboral les ofrece alguna oportunidad. No son pocos los que con la experiencia adquirida de años de trabajo tratan de volver a Asturias y se encuentran con propuestas económicas ridículas que justifica el ofertante con la posibilidad de “estar en Asturias”.

Los asturianos sufrimos de una clase política que mayormente está en línea con la media nacional, pero que por motivos históricos conocidos por todos han tenido una influencia desmesurada en la economía de la región a través de un sector público imponente. Tan ineptos como el resto pero con mucha más influencia, era previsible que el resultado no podía ser bueno.

Una clase política inepta como pocas la que desde siempre (al menos en mi cada vez menos joven memoria) se ha utilizado de escudo racionalizador de los fracasos de la región. Este uso recurrente del Gobierno como excusa y justificación de nuestros fracasos fue hasta no hace demasiado tiempo muy comprensible e incluso difícil de discutir. De un tiempo a esta parte, y cada vez más, esa utilización de los políticos como razón de todos nuestros males es insostenible.

Afortunadamente esa capacidad desmesurada de los políticos para influír en la economía de la región (léase “empresa pública”) va desapareciendo rápidamente. El problema que ha tenido Asturias es la escasísima prestancia de la sociedad civil para tomar el relevo. Por fin el chupón dejó tranquila la pelota, pero jugó sólo tanto tiempo que así de repente nadie sabe qué hacer.

La economía del Principado, me temo, no vislumbra nada más que esperanzas infundadas, basadas como mucho en un positivismo voluntarista. En Asturias se ha instalado una manera muy particular de hacer las cosas, y frente a destellos indiscutibles como pueden ser sin duda Alimerka o la Central Lechera, se impone un provincianismo desbordante en una clase empresarial demasiado acostumbrada a limitarse a cuidar su parcelita y a no pintar nada.

No se protesta, se asume con demasiada naturalidad la penosa situación, y la natural resistencia al cambio se vuelve irracional e incomprensible para cualquier observador mínimamente libre de esa subjetividad regional tan característica. De muestra vale un botón: no hace mucho tiempo se construyó en Oviedo una estación municipal de autobuses, y se convoca un concurso para obtener su gestión. Solamente se presentó una oferta que se llevó el contrato por (seis mil euros al mes) – y lo pongo entre paréntesis porque de la cifra no estoy tan seguro y no quisiera meter la pata. En cualquier caso una sola oferta que se lo lleva baratito baratito. La oferta, casualidad casualidosa, la presenta la familia Cosmen, propietaria de la empresa Alsa. ¿Apesta? Por supuesto que apesta, pero siendo Asturias como es, ni siquiera indignación en la calle. Nada de nada. Ninguna reacción. Asombroso.

Esa es la situación contra la que sobrevive Asturias. Algunos queremos pensar que un cambio acecha, aunque no las tengo todas conmigo…

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